Con la decisión de empezar de cero tomada bajo el brazo, y sin nada mas que perder que un poco de tiempo y de dinero volví a España para encontrarme con Tamara; con la excusa de alejarnos de todo y buscar un aire diferente para decidir que hacer con nuestras respetivas vidas; ella se atravesó un océano entero para vernos y exprimir los pocos ahorros que teníamos en conocer cielos nuevos, así como habíamos hecho años atrás.
Entre las despedidas con la gente de Spot, que al igual que yo por esas mismas fechas ponían fin también a su ciclo en aquel pueblo perdido, y el viaje de vuelta a España, mis últimos dos días se alargaron mas de la cuenta. El cúmulo de cansancio se hizo notar de golpe al tercer día de casi no dormir y segundos antes de que atravesáramos en auto el cielo madrugador de Madrid para empezar desde el aeropuerto un recorrido relámpago por varias ciudades, comenzando desde el norte de África en Marrakech y subiendo y bajando en un zigzag de aviones y de climas contradictorios exprimiendo al máximo la oferta lowcost.
Me costaba conciliar el sueño con todo aquel frenesí de motores y ruidos que no hacían otra cosa que acentuar mi agotamiento. Mis parpados estaban tan pesados que apenas podía moverlos, pero mis pensamientos parecían no tener el mismo sueño que yo así que tuve que aguantar somnoliento como pasaba el tiempo y rendirme ante la evidencia de que tendría que anotar otra equis en mis días consecutivos despierto.
Volver a Marruecos fue intenso, mi primera impresión fue que había llegado al destino ideal si pretendía desintoxicarme de agobios y de la velocidad a la que a veces expongo mi vida sin darme cuenta. El plan de escape estaba bien ideado, vagando por otro continente, sin teléfono, sin horarios y con la compañía de Tamara, su sonrisa y la certeza de que cada día a su lado seguro que valdría la pena.
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Culturalmente existe un abismo de distancia con el ritmo y el nivel de vida de la vecina Europa. Las clases sociales están marcadas como con fuego, aventando a los que nacen a la suerte de ser rico o pobre sin casi opción de encontrar un punto de equilibrio intermedio. Salir a recorrer el centro puede ser toda una experiencia, las calles están plagadas de gente que pasa el día sentados esperando vender algo e intentando captar la atención de los turistas con frases hechas en todos los idiomas hasta que den con el tuyo para atraparte en su red de comercio de baratijas y de telas de colores.
En el camino se atraviesan miradas normalmente tristes, otras impávidas, la alegria solo yace de aquellos que no creen en la monotonía y aunque su vida sea rutinaria, luchan para que cada dia tenga un toque diferente.
El papel de la mujer en la sociedad parece sacada de un libro de fantasía; hay que viajar hasta allí para encontrarte de primera mano el como en un siglo invadido por la tecnología y la supuesta evolución que eso conlleva, aun siguen vigentes culturas que por momentos se antojan ancestrales, y ahora que nadie nos escucha, un tanto discriminatorias también.
El que sigan viendo a las mujeres con tanta diferencia me genera tanto desprecio como inquietud. No es un tema con el que te puedas parar a hablar con cualquiera, como para preguntar si todavía existen razones para ello (si es que alguna vez las hubo) o es parte de una tradición en la que el sexo femenino solo cuenta para ejercer labores muy rudimentarias en la sociedad o para sacar a pasear sus ojos por la ciudad mientras esconden el resto con velos y mantos emulando a los fantasmas y en algunos casos privándolas de sonreír y ser vistas.
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Y asi pasaron nuestros dos primeros días, caminando por las estrechas calles de piedras surcando las Medinas, esquivando gatos, ignorando ofertas, atreviendonos con los platos de nombres más difíciles de pronunciar, y sucumbiendo a la realidad de que eres turista y solo por ello te pueden icluso colgar una serpiente en el cuello sin apenas darte tiempo a reaccionar, como fué mi caso, para después cobrarte por una foto. Yo conozco gente que mataría al que le juegue esa broma si sobrevive al infarto de tener a un reptil de mirada asesina y expresión burlesca abrazándote con escamas a falta de dos brazos.
Nosotros íbamos libres fijándonos en todo aquello a lo que no estábamos acostumbrados a ver, desconectados de nuestras vidas con la puerta abierta a sensaciones que iban a ser pasajeras, pero que yo por mi parte quería digerir con calma.
Me gustaron las sesiones de charla con gente que apartados del mundo del comercio se esforzaban por desglosar rasgos de su cultura con el fin de explicarte su vida sin pedir nada a cambio mas que tu atención, posiblemente por la necesidad que tenemos todos de ser escuchados y de mantener nuestra historia viva.
5.1 Algo distinto
“ Se acercó en silencio, pero sus ojos repletos de vacio gritaban por dentro.
Me ofreció su mano bañada en ceniza y se sentó a mi lado aun sin musitar palabra, repitió mi gesto sosegado al contemplar el agua que corría ágil entre un río hecho de piedras levantando a su paso un eco tenue de esos que te envuelve.
Cuando por fin escuché su voz, empezaron a salir disparadas de sus labios frases y frases de un idioma ajeno al mío. Me entretuve intentando seguir su historia de acuerdo a sus gestos y movimientos; sus pupilas por su parte contaban mas historias de fracasos que de victorias y se encendía algo allí dentro cuando pronunciaba la palabra bereber. Se notaba que no era el tipo mas afortunado del mundo pero aun asi lucía con orgullo lo poco que tenía.
Fue imposible hacerle entender que yo no hablaba su idioma, intenté varias veces explicarle en mi francés de Kinder Garden que nuestras diferencias lingüísticas sobrepasaban los limites del entendimiento, pero el hacía oidos sordos y continuaba en su tónica tajante de terminar lo que habia empezado. Yo me dediqué a observarle y dedicarle sonrisas según lo que iba intuyendo de su discurso, pero mis ganas de oir sin escuchar se vieron superadas pasado un rato y volví a sumergirme en el murmullo del agua y de mis propios pensamientos por encima de su historia.
El flujo del rio se fue incrementando y con él salió mi subconsciente disparado sorprendiéndome con flashbacks del pasado que creía perdidos en el pozo del olvido. Entonces volví a ser un niño por unos segundos, viajé en el tiempo para encontrarme con personas y lugares de los que finalmente he terminado perdiendo el rastro. Fue como beberme un cóctel de recuerdos de esos que te hacen soltar chispazos por dentro y que quisieras tocar con las manos para hacerlos más tuyos si cabe. Escuché el crujir de las ventanas que rompí de un balonazo intentando meter el gol de mi vida, me reí de lo grandes que se veían los problemas mas simples, vi de cerca los ojos de Sara diciendo adiós 7 años atrás, sentí el tacto tenso de su boca la primera vez que nos besamos, la gente con la que crecí resurgió de golpe y sentí el mareo de todas las vueltas que después me dio la vida … y entre tanto mi presente y mi pasado saludaban como en impulsos repentinos.
Cuando regresé al momento en el que estaba, el viejo bereber seguía ahí conmigo, yacía en silencio sumido también bajo en el murmurar del agua pasando ante nosotros; Por fin hablábamos el mismo idioma, el de deshojar el tiempo vivido desde la ausencia de la voz y conversamos sin ruidos ni gestos, compartiendo un instante de nuestras vidas allí donde todo es posible, donde las palabras sobran, allí donde reina la calma y todo lo demás no importa.”
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