Es hora de contarle al viento algo que no sepa, dice que está cansado de promesas en vano y de secretos envueltos de miedo que se rompen por el aire rebotando en pedacitos, dejando atrás ecos sordos que alimentan sinsabores. Hay que dar un paso al frente y olvidarse de pensar primero, y así poder decirle a gritos, que aprendimos a sentir .... viviendo.
Contra todo pronóstico el tiempo no se detuvo ni un momento a descansar, me arrolló con fuerza y en un abrir y cerrar de ojos mis vacaciones, junto con el sol incandescente del verano, se esfumaron sin tiempo apenas de decirnos adiós.
Una vez más, todas las historias vividas se transformaron en unos cuantos recuerdos diluidos en niebla adquiriendo ese tono fantasmal que solemos ponerle a aquello de lo cual fuimos parte y que por falta de medios materiales para poseer una copia tangible de nuestro dia a dia, sin saber cómo, lo guardamos en un rincón de la mente para volver atrás cuando sea, sin tan siquiera cerrar los ojos, como si de un truco de magia se tratara.
La suerte esta vez me acercó a Londres, dos semanas antes era la opción mas lejana que había tanteado, si es que en realidad en algún momento tuve algo en claro. El caso es que aterricé como de costumbre sin tener apenas nada; un par de noches pagadas en un hotel barato, una sonrisa nerviosa llena de espectativas y la certeza de que en cuestión de horas encontraría un lugar para vivir que se acomodara a mi presupuesto y necesidades y ya puestos a pedir, que me recibieran con una gran ceremonia plagada de canapés y flashes de cámaras coloreando el aire. dibujando siluetas sobre las paredes y capturando para siempre el momento de mi asentamiento en la gran ciudad.
Esas horas finalmente fueron dias, y el par de noches en el hotelucho quisieron prorrogarse a una semana de frustracion In crescendo llegando cada noche sin saber a ciencia cierta que iba a pasar conmigo. La sonrisa con la que llegué, decidí abandonarla en algun vagón de metro después de otra visita más a alguna habitación en ruinas en uno de los mil extremos de la ciudad que recorrí o de haber leido algún contrato sospechoso que dejaban mal parado al inquilino en el 90% de los casos.
Del maravilloso recibimiento esperado mejor ni hablamos, terminé firmando un acuerdo en la parte de atrás de la fotocopia de un articulo de un periódico. Hicee el esfuerzo de plasmar mi nombre de un modo casi ilegible tras comprobar que nisiquiera me pidieron ningún tipo de identificación. Mientras el Langlord doblaba mi autógrafo en el bolsillo de su camisa, me ponía al tanto de un par de detalles sin trascendencia como que si requería alguna conexión a internet era libre de contratar el servicio por mi propia cuenta y que en el baño habia una maquina antigua que lejos de ser decorativa, comía monedas de 0.20£ a cambio de 5 minutos de agua caliente.
No era el sitio soñado ni mucho menos, pero ya era algo, significaba descansar un poco de encerrarme en Mc Donalds con el portatil, buscando ofertas de alquileres, apuntando numeros y numeros para luego llamar y escuchar la tipica frase de "ya está alquilado" o "si me ofreces algo más podemos llegar a un acuerdo". Se habian acabado momentaneamente las madrugadas para llegar a tiempo al otro extremo de la ciudad y despedirme siempre con las mismas palabras: - "Espera mi llamada". Creo que intuían que posiblemente era la ultima vez que nos veríamos en la vida y si asi era, por lo que a mi respecta,no se equivocaban.
Mi nuevo hogar fue bautizado irónicamente por mi amigo venezolano como El Palacete, compuesto por cuatro paredes, una cama, una nevera y una ventana con personalidad propia que solia abrirse sola por las noches invitando al invierno a pasar sin mi consentimiento. Por su parte Londres tardó un poco más en demostrarme que también sabe ser hospitalario, su gente me recibió con el frio que caracteriza al pais pero conforme pasaban los dias, su hielo se iba derritiendo, destapando así ,el calor que pensé que no tenían por dentro y que finalmente los descubría también como humanos.
El mes que vivi allí me ayudó a ver las cosas de otra forma, a cargarme de paciencia cada vez que salía al encuentro de otra cita con el fin de encontrar una habitación equipada para aguantar la baja temperatura de un Diciembre que asomaba a la vuelta de la esquina. De gruñirle a la ventana cuando me recordaba la ausencia de calefacción, de resoplar cada mañana cuando un ruido estridente ponía fin a mis 4 minutos de agua y aún así, de sonreirle con algo de nostalgia la mañana que cerré tras de mi su puerta y me fuí para siempre.
Y después de todo, aqui estoy, en la que es ya la habitación numero 12 en la que resido desde que empecé a ser parte del juego de la vida, encendiéndome un cigarro mientras intento hacer la cuenta de las veces que he intentado dejarlo, por fin saboreando un trocito de libertad y relajación que necesitaba, deslizando mis pies entre las sábanas que suelen enredarse como en nudos gigantes, sentado en la nube del presente sintiendome indiferente por lo que venga, deseando no crecer tan rápido, separando estas frases con comas, alejándolas de un punto que ponga fin a su esencia, eludiendo las normas que alguien impuso una vez, permitiendo que estén unidas, impidiendo que frenen simplemente porque si, despreocupandome por ellas, apagando la luz, y soñando, antes de irme a dormir
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Sunday, 4 December 2011
Tuesday, 2 August 2011
5. No estoy
Con la decisión de empezar de cero tomada bajo el brazo, y sin nada mas que perder que un poco de tiempo y de dinero volví a España para encontrarme con Tamara; con la excusa de alejarnos de todo y buscar un aire diferente para decidir que hacer con nuestras respetivas vidas; ella se atravesó un océano entero para vernos y exprimir los pocos ahorros que teníamos en conocer cielos nuevos, así como habíamos hecho años atrás.
Entre las despedidas con la gente de Spot, que al igual que yo por esas mismas fechas ponían fin también a su ciclo en aquel pueblo perdido, y el viaje de vuelta a España, mis últimos dos días se alargaron mas de la cuenta. El cúmulo de cansancio se hizo notar de golpe al tercer día de casi no dormir y segundos antes de que atravesáramos en auto el cielo madrugador de Madrid para empezar desde el aeropuerto un recorrido relámpago por varias ciudades, comenzando desde el norte de África en Marrakech y subiendo y bajando en un zigzag de aviones y de climas contradictorios exprimiendo al máximo la oferta lowcost.
Me costaba conciliar el sueño con todo aquel frenesí de motores y ruidos que no hacían otra cosa que acentuar mi agotamiento. Mis parpados estaban tan pesados que apenas podía moverlos, pero mis pensamientos parecían no tener el mismo sueño que yo así que tuve que aguantar somnoliento como pasaba el tiempo y rendirme ante la evidencia de que tendría que anotar otra equis en mis días consecutivos despierto.
Volver a Marruecos fue intenso, mi primera impresión fue que había llegado al destino ideal si pretendía desintoxicarme de agobios y de la velocidad a la que a veces expongo mi vida sin darme cuenta. El plan de escape estaba bien ideado, vagando por otro continente, sin teléfono, sin horarios y con la compañía de Tamara, su sonrisa y la certeza de que cada día a su lado seguro que valdría la pena.
...
Culturalmente existe un abismo de distancia con el ritmo y el nivel de vida de la vecina Europa. Las clases sociales están marcadas como con fuego, aventando a los que nacen a la suerte de ser rico o pobre sin casi opción de encontrar un punto de equilibrio intermedio. Salir a recorrer el centro puede ser toda una experiencia, las calles están plagadas de gente que pasa el día sentados esperando vender algo e intentando captar la atención de los turistas con frases hechas en todos los idiomas hasta que den con el tuyo para atraparte en su red de comercio de baratijas y de telas de colores.
En el camino se atraviesan miradas normalmente tristes, otras impávidas, la alegria solo yace de aquellos que no creen en la monotonía y aunque su vida sea rutinaria, luchan para que cada dia tenga un toque diferente.
El papel de la mujer en la sociedad parece sacada de un libro de fantasía; hay que viajar hasta allí para encontrarte de primera mano el como en un siglo invadido por la tecnología y la supuesta evolución que eso conlleva, aun siguen vigentes culturas que por momentos se antojan ancestrales, y ahora que nadie nos escucha, un tanto discriminatorias también.
El que sigan viendo a las mujeres con tanta diferencia me genera tanto desprecio como inquietud. No es un tema con el que te puedas parar a hablar con cualquiera, como para preguntar si todavía existen razones para ello (si es que alguna vez las hubo) o es parte de una tradición en la que el sexo femenino solo cuenta para ejercer labores muy rudimentarias en la sociedad o para sacar a pasear sus ojos por la ciudad mientras esconden el resto con velos y mantos emulando a los fantasmas y en algunos casos privándolas de sonreír y ser vistas.
…
Y asi pasaron nuestros dos primeros días, caminando por las estrechas calles de piedras surcando las Medinas, esquivando gatos, ignorando ofertas, atreviendonos con los platos de nombres más difíciles de pronunciar, y sucumbiendo a la realidad de que eres turista y solo por ello te pueden icluso colgar una serpiente en el cuello sin apenas darte tiempo a reaccionar, como fué mi caso, para después cobrarte por una foto. Yo conozco gente que mataría al que le juegue esa broma si sobrevive al infarto de tener a un reptil de mirada asesina y expresión burlesca abrazándote con escamas a falta de dos brazos.
Nosotros íbamos libres fijándonos en todo aquello a lo que no estábamos acostumbrados a ver, desconectados de nuestras vidas con la puerta abierta a sensaciones que iban a ser pasajeras, pero que yo por mi parte quería digerir con calma.
Me gustaron las sesiones de charla con gente que apartados del mundo del comercio se esforzaban por desglosar rasgos de su cultura con el fin de explicarte su vida sin pedir nada a cambio mas que tu atención, posiblemente por la necesidad que tenemos todos de ser escuchados y de mantener nuestra historia viva.
5.1 Algo distinto
“ Se acercó en silencio, pero sus ojos repletos de vacio gritaban por dentro.
Me ofreció su mano bañada en ceniza y se sentó a mi lado aun sin musitar palabra, repitió mi gesto sosegado al contemplar el agua que corría ágil entre un río hecho de piedras levantando a su paso un eco tenue de esos que te envuelve.
Cuando por fin escuché su voz, empezaron a salir disparadas de sus labios frases y frases de un idioma ajeno al mío. Me entretuve intentando seguir su historia de acuerdo a sus gestos y movimientos; sus pupilas por su parte contaban mas historias de fracasos que de victorias y se encendía algo allí dentro cuando pronunciaba la palabra bereber. Se notaba que no era el tipo mas afortunado del mundo pero aun asi lucía con orgullo lo poco que tenía.
Fue imposible hacerle entender que yo no hablaba su idioma, intenté varias veces explicarle en mi francés de Kinder Garden que nuestras diferencias lingüísticas sobrepasaban los limites del entendimiento, pero el hacía oidos sordos y continuaba en su tónica tajante de terminar lo que habia empezado. Yo me dediqué a observarle y dedicarle sonrisas según lo que iba intuyendo de su discurso, pero mis ganas de oir sin escuchar se vieron superadas pasado un rato y volví a sumergirme en el murmullo del agua y de mis propios pensamientos por encima de su historia.
El flujo del rio se fue incrementando y con él salió mi subconsciente disparado sorprendiéndome con flashbacks del pasado que creía perdidos en el pozo del olvido. Entonces volví a ser un niño por unos segundos, viajé en el tiempo para encontrarme con personas y lugares de los que finalmente he terminado perdiendo el rastro. Fue como beberme un cóctel de recuerdos de esos que te hacen soltar chispazos por dentro y que quisieras tocar con las manos para hacerlos más tuyos si cabe. Escuché el crujir de las ventanas que rompí de un balonazo intentando meter el gol de mi vida, me reí de lo grandes que se veían los problemas mas simples, vi de cerca los ojos de Sara diciendo adiós 7 años atrás, sentí el tacto tenso de su boca la primera vez que nos besamos, la gente con la que crecí resurgió de golpe y sentí el mareo de todas las vueltas que después me dio la vida … y entre tanto mi presente y mi pasado saludaban como en impulsos repentinos.
Cuando regresé al momento en el que estaba, el viejo bereber seguía ahí conmigo, yacía en silencio sumido también bajo en el murmurar del agua pasando ante nosotros; Por fin hablábamos el mismo idioma, el de deshojar el tiempo vivido desde la ausencia de la voz y conversamos sin ruidos ni gestos, compartiendo un instante de nuestras vidas allí donde todo es posible, donde las palabras sobran, allí donde reina la calma y todo lo demás no importa.”
Saturday, 11 June 2011
4. Sinopsis Rápida.
Sin darme cuenta pasaron las semanas volando y mi afán por meterme de lleno en este momento de mi vida me hizo olvidar por completo que estaba escribiendo esta historia, solo me concentré en vivirla. No sé bien porqué la escribo. Me gusta pensar que puede ser un regalo al viento para que lleve las palabras donde quiera, o tal vez me la escribo a mi mismo para obligarme a recordar, porque a veces cuando miro para atrás siento ligeros vacíos y este es mi intento por evitar que mi historia siga arrastrando memorias a medias. Aún así después de más de tres meses viviendo y sintiendo sin parar, no sabría por donde empezar; han sido demasiadas noches dejándome llevar por la corriente, de conocer gente y de hacer amigos, algunos de ellos parece que van a ser para toda la vida; bueno, a veces el alcohol se encarga de hablar por nosotros, pero quienes somos para censurar sus impresiones?.
He disfrutado de mi estancia aquí, con el tiempo he aprendido a alimentarme de los pequeños detalles y a disfrutar de cada dia, sobre todo si estoy lejos de casa, me gusta sentir el peso de las responsabilidades y aunque normalmente creo q se manejar la situación bastante bien, a veces me concedo pequeños lujos de vaguedad que suelen volverse en mi contra. Sin embargo cuando me veo atrapado por mi propia dejadez, saco fuerzas de mi mesita de noche y empiezo el ritual de poner orden a lo que empezó siendo un lapiz sin recoger y que terminó convertido en un pequeño universo de caos.
Mas allá de mis cuatro paredes las historias peculiares han estado a la orden del dia, como la de un hombre que le alquila una casa de dos pisos a unos amigos míos y duerme en una caravana vieja en el jardín; o la de el mejor grupo de musica que he escuchado nunca en directo y que cada martes tocan en un pequeño bar al que apenas asiste nadie. Para mi tiene su punto positivo, por el hecho de que por el precio de dos cervezas, escucho todo el concierto desde la primera fila y en el descanso me permito el lujo de salir a fumar con ellos y cruzar opiniones y referencias musicales e incluso a veces enterarme de batallitas de sus vidas que sorprenderían a cualquiera.
Siempre he vivido mas de noche y esta vez no ha sido la excepción, me encanta como suena la ciudad dormida, transmite un algo para el que no encuentro palabras. Las noches calladas son especiales, aunque bueno las ruidosas y descontroladas también tienen su encanto, por ejemplo en las que pasas de largo bailando al ritmo del subwoofer haciendo malabares para que no se caigan los hielos de la copa o en las que te sientas a discutir entre otras cosas el como cambiar el mundo y su política enrevesada a la vez que presenciar los dos milagros que nos ofrece la madre naturaleza en estos dos casos: el de la evaporación de las botellas y el de la conversión total del cielo oscuro al blanco radiante y casi incandescente.
También he procurado decir si a cada oportunidad que he tenido de viajar, así he conocido varias ciudades y pueblos cada uno con su encanto propio. En uno de esos viajes terminé en Liverpool y encontré en “The Cavern” el que para mi ahora es uno de mis rincones favoritos, un lugar donde no pasa el tiempo, donde la magia se hace presente al cruzar por la puerta y donde la edad no importa.. donde las canciones de hace 50 años se siguen cantando como el primer dia por los que las cantaban entonces y también por los que nacimos décadas después pero nos dejamos seducir por sus mensajes y ahora nos sentimos parte de ellas.
Como empezé diciendo, pareciera que el tiempo se hubiera acelerado y ya se acerca el fin de las clases y con él empezará a su vez otro de esos momentos insoportables de decidir que hacer con la vida, de ver opciones y elegir hacia donde coger. Justo cuando todo se estaba tornando comodo y agradable, cuando se estaban soldando amistades y cuando por fin me había hecho con las rutas de las calles y con la cotidianidad del lugar, parece que otra vez es momento de hacer maletas y empezar a correr.
Tuesday, 1 March 2011
3. Presentaciones
Tardé un par de días en empezar a conocer a mis nuevos “flatmates”, no me crucé con ninguno hasta el tercer día; el primero fue Daniel, un tipo peculiar que intuyo deportista en sus ratos libres y que últimamente tiene como costumbre dejar la puerta de su habitación abierta de par en par durante el día. Me imagino que le gusta que la gente lo salude, a mi me recuerda al fragmento de Penny Lane que dice “All The People That Come & Go Stop & Say Hello”, yo ya he empezado a hacerlo.
Esa misma noche recibí un correo de bienvenida por parte de los propietarios del edificio de estudiantes invitándome cordialmente a realizar el pago restante de la habitación lo antes posible; la carta la recogió del buzón otra de mis compañeras de piso, con la que más ratos he pasado hablando en la cocina a día de hoy, de nombre Cory y de cabello rojo con trazos azules.
Me faltaban 2 más por conocer, el penúltimo en cuestión es un estudiante inglés que según me comentó proviene de descendencia directa Jamaicana, es un tipo simpático con el que coincido a menudo en la cocina persiguiendo el mismo fin que el mio: hacerse con una cerveza para acompañar la noche. Pese a nuestras pláticas casuales hasta ahora caigo en cuenta que a la hora de presentarnos pasamos del “Nice to meet you” al “What are you studying ?” omitiendo por completo la base de las presentaciones y a día de hoy entiendo que ninguno de los dos conoce al otro por su nombre. Así que a partir de este momento en honor a la procedencia de sus padres me referiré a el en este blog como Mr Marley Jr.
Finalmente y para terminar con las presentaciones aburridas paso a relatar como conocí a la ultima de mis compañeras de vivienda. Entenderé perfectamente si dejan de leer esto, yo también estoy empezando a dar cabezadas, así que no habrá rencores. Solo apunto que nunca antes había conseguido sacar a toda la gente de un edificio entero a la hora de conocer a alguien.
Para ello situémonos en el tiempo; serían las 2 de la tarde de un sábado, el ligero mareo matutino después de una noche agitada en la discoteca más cercana me creó la urgente necesidad de meterme en la ducha como primera medida para combatir la resaca.
Logré desperezarme y presionar el botón de “Play” y tras ajustar el volumen para escuchar la música desde el baño de mi habitación me deje envolver por mi catarata improvisada de agua caliente. Recuerdo que en ese momento sonaba “Honey White” de Morphine, cerré los ojos concentrándome en el sonido del saxofón y pasados unos minutos algo en aquella melodía comenzó a sonar diferente a como lo recordaba en mi mente. Un instrumento más se había unido a la canción, hizo una entrada suave pero en poco tiempo aumentó su volumen a la décima potencia, dejando a la banda en un tercer plano. Cuando porfin comprendí la situación ,se apoderó de mi el mayor ataque de risa que recuerdo en los últimos años, la teoría del nuevo instrumento de la canción se vino abajo y cobró fuerza la del despertador de edificios convertido en alarma de incendios que habia sido activada por el vapor caliente que emanaba de la ducha.
Tardé casi un minuto en combatir mi ataque de alegría efusiva involuntaria y en salir empapando mi camino de la ducha a la cama (llevaba años sin llorar de la risa y esta vez no pude evitarlo, la sitauación en la que estaba envuelto era demasiado cómica); el barullo que intuía mas allá de mis cuatro paredes me llevaron a buscar el pantalón del día anterior y salir al pasillo esperando dar explicaciones. Allí fuera había dos chicas que parecían hermanas y que yo no había visto jamás; me dirigí a ellas a sabiendas que una de ellas era otra de mis nuevas vecinas y les comenté a grandes rasgos lo que había ocurrido. Cuando el sonido intenso de la alarma por fin cesó yo ya estaba de vuelta en mi cama secándome las lagrimas después de escuchar pasos y pasos de gente bajando las escaleras para ponerse a salvo de un incendio inexistente. Espero que se hubieran fumado un cigarrito en mi honor, no se me ocurrió bajar a comprobarlo.
Después de la tempestad llegó la calma y pasados unos 10 minutos me acerqué a la cocina en busca de agua fría, en vez de eso me encontré con las presuntas hermanas haciéndose una limpieza bucal reciproca sin despegar los labios. Cuando me vieron entrar fue como si mágicamente se hubieran convertido en estatuas, conservando su postura de amor me perseguían únicamente con la mirada; abrí la nevera, me hice con la botella de agua y les dediqué una sonrisa antes de volver a mi habitación a preguntarme que más me depararía aquel día.
Sunday, 20 February 2011
2. Primeras Impresiones
Primer contacto con SPOT
El cambio de chip no ha sido tan drástico, puede influir que el primer conocido y con el que comparto la totalidad de las clases es colombiano; el mismo que me recibió en su casa en el mirador del pueblo y que me proporcionó tres sillas que juntándolas en modo tetris se convirtieron en mi cama improvisada las primeras noches. A modo de apunte para quién le interese debo compartir una información valiosa que me ayudó a combatir el frío en mi lecho de mentiras; Una chaqueta y una toalla son la manta perfecta para cubrir el tronco y las piernas si no se tienen cobijas al alcance de la mano. El mismísimo Macguiver estará revolcándose en su tumba (si es que está muerto) si se entera que dormí placidamente sin haber tenido que recurrir a esquilar ningún animal en tiempo record o a tejer mi propio abrigo con raíces secas y plumas de avestruz.
Resumamos los dias siguientes: madrugadas asesinas, mañanas de color gris, caras nuevas, frio seco intermitente con ráfagas de aire casuales, primer contacto con las aulas inglesas después de un largo paréntesis alejado de ellas y finalmente la llave de mi nueva habitación. Como primera curiosidad, aunque he de reconocer que aquí ya no me sorprende nada, es que para abrir la cerradura, la llave se gira en sentido contrario al del 100% de todas las puertas que he abierto en veintitantos años de experiencia. (Me parece que el cerebro de los ingenieros y constructores ingleses también funciona al contrario que el nuestro.) Estoy seguro que con el tiempo descubriré más acerca de esta cultura enrevesada, afortunadamente la cama si está anclada al suelo y no he tenido que hacer maniobras para dormir boca abajo pendiendo del techo.
Al descubrir por fin la estrategia de que "cerrar es abrir y abrir es cerrar", conocí por fin mi nuevo refugio, un espacio ideal, ni justo ni excesivo, con paredes blancas y cortinas naranja; las vistas dan de bruces con un parque inmenso colonizado por gansos y patos que se dejan ver de vez en cuando desde mi posición privilegiada en el ultimo piso del edificio, que olvidé mencionar que no dispone de ascensor.
Las primeras noches se presentaron largas, acostumbrándome a mi nuevo espacio y llenando las estanterías de objetos pequeños que llevé conmigo para darle un poco de vida al profundo vacío que se posaba sobre ellas. Por el día después de clases me dediqué a recorrer junto con mi cámara el parque de los gansos y las calles aledañas para conocer un poco aquello que ahora me rodeaba. Sin embargo por las noches al no disponer de Internet ,por supuestos problemas técnicos ,que en su día me costó una pequeña fortuna traducida en factura telefónica solucionar, me enfrenté al aburrimiento escribiéndole el comienzo de esta historia al señor Word, leyendo las paginas de un libro en inglés que adquirí casi a precio de fábrica y a la hora de dormir dibujando círculos con los ojos apuntando al techo mientras esperaba al tren del sueño.
De momento todo va saliendo como esperaba, cada dia conozco gente nueva con diversas historias a sus espaldas; las culturas y la forma de hablar en inglés de cien modos diferentes están a la orden del dia. He logrado empezar a convivir con el frío, no me termina de agradar del todo aunque poco a poco nos estamos entendiendo; también me enamoro unas 15 o 20 veces al dia, el cabello rubio pálido, la mirada cristalina que misteriosamente quema y la sonrisa perfecta ,se estan convirtiendo para mi en una pequeña debilidad.
Thursday, 10 February 2011
1. SEMANARIO
Punto del dia : Cambio de Rumbo
Lo pensé durante meses, podria jurar que fueron años, desde que el aire de Madrid me enviaba pequeñas ráfagas de susurros aconsejándome que le hiciera caso a mi instinto y me embarcara cuanto antes en una nueva aventura. Los dias y las noches desde entonces pasaron tan rápido que apenas pude digerirlos; mis recorridos casuales surcando las calles de la gran ciudad llegaron a su fin y mis pies se alejaron de alli buscando un nuevo camino aparte.
Cuando me quise dar cuenta me encontraba solo volando hacia Inglaterra pero esta vez el gusanito de los nervios que se esconde en el estomago no me mordió como en ocasiones anteriores, ahora tan solo estaba tan calmado como el que toma un bus para llegar al barrio de al lado de su casa, mirando por la ventana de vez en cuando para descubrir que a medida que avanzábamos por el cielo las nubes se hacían más densas y presentes.
Debo omitir ,por respeto a su paciencia, los detalles desde que puse el primer pie en Liverpool hasta que después de un autobús ,dos trenes y tres cigarrillos por fin me trasladaron a mi destino final en un pequeño pueblo , del que aun desconozco su ubicación exacta en el mapa, llamado SPOT. Al llegar no me sorprendió que la niebla que me habia estado acompañando durante todo el dia me recibiera desafiante tras la puerta del trén, haciendome entender que no me sería facil esconderme de ella por más kilómetros que recorriera.
Tan pronto como salí de la estación empecé a recordar las instrucciones de cómo debía recorrerme el pueblo entero, pegado a un par de maletas que se hacían cada vez mas pesadas, para encontrarme con un conocido de mi familia del cuál sabia poco mas que su nombre y que me facilitaría un sitio donde dormir mientras yo encontraba algo. Necesité una ultima parada de rigor y un cuarto cigarrillo al vislumbrar la cuesta que me faltaba para llegar por fin; mis dos maletas a punto de estallar me miraban sonrientes a sabiendas de que al ellas carecer de piernas, la dura responsabilidad de escalar aquella ladera sin importar el peso, el viento helado o el cansancio acumulado, era toda mia.
Aterricé en la cúspide y agradecí el haberme librado de caer atropellado varias veces después de haber lidiado un día entero con pasos de una acera a otra sin saber en que momento ni de qué lado aparecían los vehículos ingleses con su puta costumbre de conducir al revés del resto del mundo. Finalmente estaba ahí, en las puertas del que sería mi nuevo hogar por una temporada – se me escapó una sonrisita de complicidad conmigo mismo pero me duró poco al percatarme de que casi no sentía los brazos.
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