Sunday, 20 February 2011

2. Primeras Impresiones


Primer contacto con SPOT

El cambio de chip no ha sido tan drástico, puede influir que el primer conocido y con el que comparto la totalidad de las clases es colombiano; el mismo que me recibió en su casa en el mirador del pueblo y que me proporcionó tres sillas que juntándolas en modo tetris se convirtieron en mi cama improvisada las primeras noches. A modo de apunte para quién le interese debo compartir una información valiosa que me ayudó a combatir el frío en mi lecho de mentiras; Una chaqueta y una toalla son la manta perfecta para cubrir el tronco y las piernas si no se tienen cobijas al alcance de la mano. El mismísimo Macguiver estará revolcándose en su tumba (si es que está muerto) si se entera que  dormí placidamente sin haber tenido que recurrir a esquilar ningún animal en tiempo record o a tejer mi propio abrigo con raíces secas y plumas de avestruz.

Resumamos los dias siguientes: madrugadas asesinas, mañanas de color gris, caras nuevas,  frio seco intermitente con ráfagas de aire casuales, primer contacto con las aulas inglesas después de un largo paréntesis alejado de ellas y finalmente la llave de mi nueva habitación. Como primera curiosidad, aunque he de reconocer que aquí ya no me sorprende nada, es que para abrir la cerradura, la llave se gira en sentido contrario al del 100% de todas las puertas que he abierto en veintitantos años de experiencia.  (Me parece que el cerebro de los ingenieros y constructores ingleses también funciona al contrario que el nuestro.) Estoy seguro que con el tiempo descubriré más acerca de esta cultura enrevesada, afortunadamente la cama si está anclada al suelo y no he tenido que hacer maniobras para dormir boca abajo pendiendo del techo.

Al descubrir por fin la estrategia de que "cerrar es abrir y abrir es cerrar", conocí por fin mi nuevo refugio, un espacio ideal, ni justo ni excesivo, con paredes blancas y cortinas naranja; las vistas dan de bruces con un parque inmenso colonizado por gansos y patos que se dejan ver de vez en cuando desde mi posición privilegiada en el ultimo piso del edificio, que olvidé mencionar que no dispone de ascensor.

Las primeras noches se presentaron largas, acostumbrándome a mi nuevo espacio y llenando las estanterías de objetos pequeños que llevé conmigo para darle un poco de vida al profundo vacío que se posaba sobre ellas.      Por el día después de clases me dediqué a recorrer junto con mi cámara el parque de los gansos y las calles aledañas para conocer un poco aquello que ahora me rodeaba. Sin embargo por las noches al no disponer de Internet ,por supuestos problemas técnicos ,que en su día me costó una pequeña fortuna traducida en factura telefónica solucionar, me enfrenté al aburrimiento escribiéndole el comienzo de esta historia al señor Word, leyendo las paginas de un libro en inglés que adquirí casi a precio de fábrica y a la hora de dormir dibujando círculos con los ojos apuntando al techo mientras esperaba al tren del sueño.

De momento todo va saliendo como esperaba, cada dia conozco gente nueva  con diversas historias a sus espaldas; las culturas y la forma de hablar en inglés de cien modos diferentes están a la orden del dia.   He logrado empezar a convivir con el frío, no me termina de agradar del todo aunque poco a poco nos estamos entendiendo;  también me enamoro unas 15 o 20 veces al dia, el cabello rubio pálido, la mirada cristalina que misteriosamente quema y la sonrisa perfecta ,se estan convirtiendo para mi en una pequeña debilidad.




Thursday, 10 February 2011

1. SEMANARIO


Punto del dia : Cambio de Rumbo
Lo pensé durante meses, podria jurar que fueron años, desde que el aire de Madrid me enviaba pequeñas ráfagas de susurros aconsejándome que le hiciera caso a mi instinto y me embarcara cuanto antes en una nueva aventura. Los dias y las noches desde entonces pasaron tan rápido que apenas pude digerirlos; mis recorridos casuales surcando las calles de la gran ciudad llegaron a su fin y mis pies se alejaron de alli buscando un nuevo camino aparte.
Cuando me quise dar cuenta me encontraba solo volando hacia Inglaterra pero esta vez el gusanito de los nervios que se esconde en el estomago no me mordió como en ocasiones anteriores, ahora tan solo estaba tan calmado como el que toma un bus para llegar al barrio de al lado de su casa, mirando por la ventana de vez en cuando para descubrir que a medida que avanzábamos por el cielo las nubes se hacían más densas y presentes.
Debo omitir ,por respeto a su paciencia, los detalles desde que puse el primer pie en Liverpool hasta que después de un autobús ,dos trenes y tres cigarrillos por fin me trasladaron a mi destino final en un pequeño pueblo , del que aun desconozco su ubicación exacta en el mapa, llamado SPOT.  Al llegar no me sorprendió que la niebla que me habia estado acompañando durante todo el dia me recibiera desafiante tras la puerta del trén, haciendome entender que no me sería facil esconderme de ella por más kilómetros que recorriera.
Tan pronto como salí de la estación empecé a recordar las instrucciones de cómo debía recorrerme el pueblo entero, pegado a un par de maletas que se hacían cada vez mas pesadas, para encontrarme con un conocido de mi familia del cuál sabia poco mas que su nombre y que me facilitaría un sitio donde dormir mientras yo encontraba algo. Necesité una ultima parada de rigor y un cuarto cigarrillo al vislumbrar la cuesta que me faltaba para llegar por fin; mis dos maletas a punto de estallar me miraban sonrientes a sabiendas de que al ellas carecer de piernas, la dura responsabilidad de escalar aquella ladera sin importar el peso, el viento helado o el cansancio acumulado, era toda mia.
Aterricé en la cúspide y agradecí el haberme librado de caer atropellado varias veces  después de haber lidiado un día entero con pasos de una acera a otra sin saber en que momento ni de qué lado aparecían los vehículos ingleses con su puta costumbre de conducir al revés del resto del mundo. Finalmente estaba ahí, en las puertas del que sería mi nuevo hogar por una temporada – se me escapó una sonrisita de complicidad conmigo mismo pero me duró poco al percatarme de que casi no sentía los brazos.